recuerdos de infancia en la tienda de mis padres

Mis padres, mi abuela en el principio de todo, tenían una tienda de aldea que por las noches funcionaba básicamente como bar, como tasca diría yo. La primera instantánea que me aparece es la de unos señores muy mayores bebiendo unas tazas de vino (cuncas se dice en gallego, qué bien suena!) y jugando a las cartas. La tienda (bar) sufría una atmósfera cargadísima de humo de tabaco, de toses que rascaban, de pecados verbales que salían permanentemente de las timbas que se jugaban. Realmente los señores no eran muy mayores, sus rostros sí lo eran, cargados de arrugas y de sol sin protección, campesinos sin contrato que comían y vivían de sus campos y de sus animales.

Por las mañanas, la tienda parecía otra. La atmósfera era limpia, entraban y salían sólo mujeres, hablaban y discutían también en alto pero las incontinencias verbales eran mucho menores. Algunas llegaban con unas garrafas llenas de leche para vender. Otras venían con unos botes vacíos de leche para comprar. Y nosotros la comprábamos y la vendíamos, todo en el mismo día, leche fresca auténtica. Con la leche que sobraba mi abuela hacía unas tetillas buenísimas que se vendían y se comían en casa, sin desperdiciar leche alguna, sin tasa láctea ni comunidad económica tocándonos las narices.

Mi siguiente recuerdo tiene que ver con lo que se vendía y cómo se exponía. Los arenques, o los alcriques no se si son lo mismo o son distintos pero me acuerdo de los dos términos, que se vendían en cajas y estaban desalados, las hojas de bacalao colgadas en exposición, los barriles en posición horizontal y brotando un vino que manchaba mucho, las castañas a granel y en sacos grandísimos, las nueces también, la leche, las tetillas, el pienso y la tercerilla para los animales,… y las pantuflas, se vendían muchas pantuflas, debían ser baratas porque recuerdo una exposición de cajas con sus correspondientes números. Realmente la tienda de mis padres funcionaba como zapatería, mercería, charcutería, droguería, bar… y panadería haciendo pan para muchísima gente, sin gasolineras, librerías, fruterías y demás haciendo  competencia desleal…

Mi último recuerdo tiene que ver con las horas previas a comer y cenar, también relacionadas con la tienda, simple y llanamente porque la cocina (de forma premeditada) lindaba directamente con la tienda. Mi abuela y mi madre atendían en la tienda y cocinaban al mismo tiempo. Se comía y se cenaba con mantel y cubiertos por supuesto.  Entonces la señora Maruja llegaba a por un kilo de garbanzos y un par de ellos de patatas y mi madre la atendía mientras la merluza o los filetes se hacían en la sartén. Y el postre no faltaba, natillas caseras, arroz con leche, plátano frito (qué rico, cuanto tiempo sin tomarlo!), chulas borrachas…

Los recuerdos traen nostalgia, los días eran más largos, el tiempo no pasaba, vivíamos en la tienda, con mi patinete por el medio, con la bici incluso, atendiendo alguna vez, ayudando bastantes veces, estudiando en la cocina al lado de la tienda, sin hacer actividades extraescolares, , que las hacíamos en un descampado al lado de la tienda (fútbol, escondite, fútbol, pita, bolas, fútbol, huevo, pico o araña y sobre todo fútbol). La nostalgia aparece cuando uno nota que se está empezando a hacer mayor. No se si llorar o reir…

La cuesta de Noviembre

Enero se lleva la fama, pero Noviembre no le va a la zaga. Está siendo un mes duro, donde la gente parece estar reservando lo poco que puede ahorrar para hacer gasto en Diciembre, para los regalos de Navidad o para la comida y los postres de dichas fechas,

Debemos armarnos de paciencia y no desesperarnos, saber entender los picos de compras que se manifiestan en cada mes. Éste, el de Noviembre, es especialmente duro. El de Diciembre nos permite respirar algo mejor, aunque es cierto que los españoles hemos cambiado bastante y no consumimos tanto dulce como antes, nos preocupamos más del peso y de la cantidad de lípidos (grasas) que ingerimos. Todo esto es positivo para nuestra salud, pero no debemos privarnos de los sabores que nos aporta cualquier postre que les podemos ofrecer: un roscón recién hecho, un brazo de gitano con crema natural, una tarta de almendra, un pan de nieve exquisito, unas bicas de la casa, unos bizcochos de nuez o de manzana, unos semifríos, unos pastelillos recién salidos de la manga,…

la tradición del roscón de Semana Santa

A pesar de los grandes cambios que se producen en la sociedad, reflejada sobremanera en los comportamientos de los más jóvenes, seguimos siendo un país de tradiciones. De un tiempo a esta parte han brotado infinidad de fiestas gastronómicas que mayoritariamente suelen tener bastante éxito. La del percebe, la de la langosta, la de la carne al espeto, la del salmón, la de la cereza, la de la lamprea, …

Regalar un roscón en semana Santa es una tradición que la recuerdo desde niño. Mi padre me comenta que se iniciaría hace 70 años, endiuzando una bolla de pan a la que se le ponían unos huevos encima. La falta de recursos en la época no permitía más gasto. Con el paso de los años se cambió la bolla de pan por el roscón, aunque en los años 60-70 las cantidades encargadas eran todavía pequeñas.

A todo esto, la tradición consistía en regalar un roscón al ahijado, como mínimo hasta que éste contrajese matrimonio. Los padrinos más generosos, por conservar la tradición, mantenían el regalo hasta más tarde. De esta manera, todas las casas de la zona se llenaban de roscones procedentes de las panaderías especializadas o de la elaboración propia que se hacía y hace en casa. Imaginen una casa con 4 hijos y cada hijo con sus 2 padrinos correspondientes. Si éstos no eran marido y mujer, cada hijo se podía encontrar con 2 rosones. ¡En total 8 roscones!.

Hoy en día seguimos disfrutando de esta tradición. Desde Kopenacamos queremos reivindicarla y fortalecerla:

-porque el roscón sigue siendo un producto excelente.

- porque nos gusta conservar tradiciones

- porque es un regalo original.

- porque…

 

en memoria de…

Juanjo Crespo ha muerto, la noticia me ha dejado frío, nostálgico, insatisfecho de no haber aprovechado mejor su sabiduría, su buen rollo, su cercanía… Lo conocí demasiado poco, pero suficiente para hablar maravillas del doctor Crespo, profesional supercompetente y persona de trato muy cercano. Deja buen poso en muchos sitios, su labor tenía todavía mucho recorrido, pero enfermó y no lo superó. Al parecer quiso vivir como si con él no fuera, lo consiguió hasta el final, hasta que le bajaron el interruptor. Hasta siempre doctor, descanse en paz.
Tuve la suerte de tratar con el cuando di clases en la Universidad de Pontevedra, donde era profesor de Fisiología del ejercicio (si no recuerdo mal, eso no es lo importante)

el fin del verano

Hay una mezcla de deseo e inquietud por que llegue el fin del verano en mi pensamiento. Deseo porque me acaba agotando y me deja sin fuerzas, son muchas horas acumuladas de trabajo y una sensación de carrera contrarreloj donde no debes dejar de pedalear desde que inicias allá por los primeros días de Julio hasta el primer Domingo de Septiembre. Inquietud porque después del verano la carga de trabajo baja considerablemente y, evidentemente, repercute en los ingresos diarios.

Debeis saber que Kopenacamos dispone de dos despachos en dos ayuntamientos costeros (Bayona y Nigrán). Bayona es un pueblo con mucho encanto, playas, paseos, casco viejo, terrazas, vistas inmejorables de una bahía preciosa. Nigrán tiene unas playas extraordinarias (Playa América y Patos sobre todo), un puerto (Panxón) pesquero con la Iglesia de fondo digno de la mejor postal, unas zonas de interior para disfrutar de la naturaleza…

En fin, se nos ha acabado el verano, por fin voy a descansar un poco más. ¡Cuándo legará el verano!

 

Mi calle (a miña rúa)

Pazo da Touza

Pazo da Touza

De un tiempo para aquí tengo ganas de dar a conocer mi calle (mi carretera, en la dirección pone rúa pero sigue siendo una carretera que pasa por una aldea que se llama Camos). Le han puesto Rúa dos Pazos no desde hace mucho y han acertado de pleno con el nombre de la “rúa”. Destacan 3 pazos por encima de los demás (hay más, incluso uno que no está en la misma carretera pero muy cerca y que también habría que destacarlo), los dos primeros los encontramos uno enfrente de otro, a un lado y otro de la carretera, y el tercero a un kilómetro y medio de distancia de los anteriores. Si vienes de Vigo hacia Nigrán por la carretera de arriba (llamada Camposancos) al llegar al primer semáforo tras el antiguo Vánitas (buena referencia para los cuarentones), te metes a la izquierda en dirección a Camos. Si te fijas en el cruce han puesto carteles de los tres pazos en un alarde de intentar imponerse a la competencia (ahora mismo los tres pazos compiten por la celebración de bodas y por declararse el Pazo más atractivo). Y en el medio de los tres pazos está la Panadería-Pastelería-Café Kopenacamos (la mía), que también tiene los suficientes atractivos culinarios para merecer una mención (de hecho en uno de los pazos los postres que degustan pertenecen a nuestro negocio, postres que están teniendo una gran aceptación y que deberíais probar).

Pero recuerdo que hablábamos de los pazos: los dos primeros son, a la derecha de la carretera Pazo de Urzaiz, a la izquierda y prácticamente enfrente Pazo de Cea, a 1500 metros de éstos y a mano izquierda Pazo da Touza (todos con página web, buscar en Google)

Incluso desde el concello de Nigrán están organizando visitas guiadas a dichos pazos (merece la pena, tanto por el entorno de los pazos como por su propia estructuta).

Y recuerden, en el medio Kopenacamos (¿aún no probasteis el roscón de camos?), también merece la pena hacer una parada, tomar un café y llevarse un roscón. Os lo recomiendo.

 

Por cierto, los postres de Kopenacamos se sirven en el Pazo da Touza, ya hemos ido a alguna boda y estaban deliciosos y el resto también.

El valor de las cosas sin precio

Roscón de Camos

Roscón de Camos

Estoy haciendo una masa de rosca. Con la cantidad de reposo que necesita me da tiempo a pensar en muchas cosas, algunas hasta tienen sentido. Hoy me ha dado por contabilizar las horas que pasan desde que empiezo a amasar hasta que la rosca llega al mostrador de la tienda.

Llueva, nieve o haga sol, me pongo a amasar puntualmente a las 6:00 de la mañana. Una hora después, tengo la masa preparada para reposar. La dejo hasta las 8:30, entonces la peso y la separo en montones homogéneos. Después otro rato a reposar, hasta las 9:30, a esa hora les doy la forma trenzada o redonda, y las pongo a “dormir” de nuevo (suerte que tienen) hasta las 11:00. Ahí ya sólo resta ponerlas guapas (barníz de huevo, azúcar glass…) y meterlas al horno durante 45 minutos. A las 12:00 del mediodía las roscas están listas por fin. Duración total del proceso: 6 horas.

Necesitan ese tiempo porque, buscando que la fermentación sea lo más natural posible, llevan muy poca levadura. No sabría decir tampoco si es mucho o poco, porque no conozco otra forma mejor de hacer las cosas. Es el que es, y así me lo enseñaron. Lo bueno, lo especial, se hace esperar ¿cómo sino podríamos distinguirlo del resto?

Vaya… a lo tonto, del horno al teclado, se me ha pasado volando la mañana. Voy a acabar cogiéndole gusto a esto de escribir un blog. Entra un cliente. Un habitual. Quiere una trenza de 1 kg, se la lleva recién hecha y con una sonrisa en la cara. El olor mantecoso irá perfumándole el coche durante todo el camino. Apuesto a que no resiste sin abrir el paquete naranja y comerse el currusco. No hay nada como un trozo de rosca caliente. Me imagino la bronca de su mujer al llegar a casa: “siempre igual, no hay forma de que la traigas entera, tendría que haber mandado al niño a buscarla”. El niño tiene 20 años ya y cuando vuelva de marcha por la mañana se comerá el último pedazo que su madre le ha dejado sobre la mesa de la cocina, junto al Colacao. Ya no estará tibia, ni desprenderá tanto aroma… pero le sabrá a gloria bendita. ¿Cuánto vale eso exactamente?

En el súper podemos encontrar productos envasados similares, algo más baratos y con un plazo de caducidad de 30 días. Sí, ¡un mes! ¿Qué rayos le echarán para que duren tanto? Puedo intuírlo, pero al ver ciertos ingredientes no dejo de alucinar. Mi rosca lleva sólo agua, harina, huevos, azúcar, sal, manteca y una pizca de levadura. Y la que me sobra, al día siguiente no la vendo. Para mí, ese es el verdadero precio de la calidad: el compromiso. ¿Eso es caro o barato?

Por cierto, si sobra roscón, lo mejor para conservarlo es cortalo en rebanadas, meterlas dentro de una bolsa de plástico cerrada y guardarla en la nevera. Otra buena opción si tenemos algo rosca del día anterior es tostarla, o calentarla un par de segundos en el microondas: casi casi parecerá recién hecha. Por desgracia no conserva más de 2 ó 3 días todo su sabor y textura. Es lo que tiene la repostería artesana de verdad, que dura lo que dura, y no entiende mucho de las leyes del mercado.