la tradición del roscón de Semana Santa

A pesar de los grandes cambios que se producen en la sociedad, reflejada sobremanera en los comportamientos de los más jóvenes, seguimos siendo un país de tradiciones. De un tiempo a esta parte han brotado infinidad de fiestas gastronómicas que mayoritariamente suelen tener bastante éxito. La del percebe, la de la langosta, la de la carne al espeto, la del salmón, la de la cereza, la de la lamprea, …

Regalar un roscón en semana Santa es una tradición que la recuerdo desde niño. Mi padre me comenta que se iniciaría hace 70 años, endiuzando una bolla de pan a la que se le ponían unos huevos encima. La falta de recursos en la época no permitía más gasto. Con el paso de los años se cambió la bolla de pan por el roscón, aunque en los años 60-70 las cantidades encargadas eran todavía pequeñas.

A todo esto, la tradición consistía en regalar un roscón al ahijado, como mínimo hasta que éste contrajese matrimonio. Los padrinos más generosos, por conservar la tradición, mantenían el regalo hasta más tarde. De esta manera, todas las casas de la zona se llenaban de roscones procedentes de las panaderías especializadas o de la elaboración propia que se hacía y hace en casa. Imaginen una casa con 4 hijos y cada hijo con sus 2 padrinos correspondientes. Si éstos no eran marido y mujer, cada hijo se podía encontrar con 2 rosones. ¡En total 8 roscones!.

Hoy en día seguimos disfrutando de esta tradición. Desde Kopenacamos queremos reivindicarla y fortalecerla:

-porque el roscón sigue siendo un producto excelente.

- porque nos gusta conservar tradiciones

- porque es un regalo original.

- porque…

 

en memoria de…

Juanjo Crespo ha muerto, la noticia me ha dejado frío, nostálgico, insatisfecho de no haber aprovechado mejor su sabiduría, su buen rollo, su cercanía… Lo conocí demasiado poco, pero suficiente para hablar maravillas del doctor Crespo, profesional supercompetente y persona de trato muy cercano. Deja buen poso en muchos sitios, su labor tenía todavía mucho recorrido, pero enfermó y no lo superó. Al parecer quiso vivir como si con él no fuera, lo consiguió hasta el final, hasta que le bajaron el interruptor. Hasta siempre doctor, descanse en paz.
Tuve la suerte de tratar con el cuando di clases en la Universidad de Pontevedra, donde era profesor de Fisiología del ejercicio (si no recuerdo mal, eso no es lo importante)